¿Por qué cada vez más personas sufren pérdida de cabello?
Es una pregunta que muchos se hacen, especialmente cuando, a pesar de usar buenos productos el cabello parece “caerse más de lo normal”. La respuesta no siempre está en los shampoos o tratamientos, sino en algo más invisible y constante: el tipo de agua con la que nos bañamos.
Se estima que el 85% del suministro de agua mundial que llega a los hogares contiene una concentración elevada de minerales y algunos químicos que la convierten en agua dura; y aunque es segura para la salud, esos minerales sí tienen un efecto físico importante sobre el cabello, alterando su estructura y su resistencia.
¿Qué nos dice la ciencia sobre esto?
En 2018, un estudio publicado en el International Journal of Trichology analizó cómo cambia la fuerza del cabello después de exponerse a agua dura. Los resultados fueron claros: el cabello tratado con agua dura presentó una disminución significativa en su resistencia a la tracción, es decir, se volvió más frágil y más fácil de romper.
Los investigadores midieron la fuerza que podía soportar cada hebra antes de romperse. El grupo lavado con agua purificada mantuvo una resistencia promedio de 255 unidades, mientras que el grupo expuesto al agua dura bajó a 234 unidades, una diferencia estadísticamente significativa (p = 0.001). En términos simples: el agua dura reduce la fuerza natural del cabello.
No lo debilita desde la raíz como ocurre en casos de alopecia androgénica o areata, pero sí aumenta la pérdida por quiebre, lo que propicia una caída más abundante.
¿Por qué ocurre esta fragilidad?
Los elementos del agua dura se adhieren a la superficie del tallo capilar y forman microscópicos depósitos minerales. Con el tiempo, esos residuos alteran la cutícula, que es la capa externa encargada de proteger y mantener la hidratación del cabello. Cuando la cutícula se vuelve irregular, el cabello:
- pierde flexibilidad,
- refleja menos luz,
- se enreda con facilidad,
- y se parte con menos tensión.
A nivel visual, eso se traduce en un cabello más seco, con frizz y apariencia sin vida; a nivel microscópico, en una fibra capilar debilitada que se fragmenta antes de alcanzar su longitud o grosor ideal.
¿Esto significa que el agua dura causa caída del cabello?
Sí, y no.
El agua dura no provoca pérdida desde la raíz ni afecta el folículo, por lo que no está relacionada con alopecia hereditaria o hormonal. Lo que sí produce es una pérdida mecánica: los cabellos se rompen en distintas longitudes, lo que termina generando menos densidad y la sensación de que el cabello no crece.
Esta diferencia entre caída y quiebre es clave para entender por qué muchas personas que no tienen problemas de salud capilar, pierden cabello al cepillarse o al bañarse. En la mayoría de los casos, no se trata de pérdida folicular, sino de rotura por debilitamiento de la fibra capilar.
¿Puede el agua dura afectar otros aspectos del cuidado capilar?
Completamente. Los mismos depósitos minerales que debilitan el cabello también interfieren con la eficacia de los productos capilares. El shampoo hace menos espuma, el acondicionador no penetra, y los tratamientos hidratantes o de restauración no actúan con la misma profundidad.
Con el tiempo, esto lleva a una acumulación de residuos que intensifica la sensación de pesadez y resequedad, volviéndolo un ciclo vicioso. El agua dura es un factor estético y estructural que afecta el cabello a nivel microscópico. Los minerales no se ven ni se sienten inmediatamente, pero su efecto acumulativo se traduce en fibra capilar más frágil, más opaca y con mayor tendencia al quiebre.
Conocer esta relación entre el agua y el cabello es fundamental para entender que no todos los daños capilares provienen de los productos o del calor: a veces, la causa está en el agua misma.